Al conocerse el descenso a segunda división del club Alianza Lima, me permití publicar estas líneas, luego de una conversación entre amigos, en donde días previos al infausto acontecido, les narraba el fuerte vínculo que siempre tuvo esta ciudad con el citado equipo, y que si ocurría lo impensado lo escribiría, con el único afán de que se conozca verazmente y con las pruebas fiables, esta simpática historia, sin ningún fanatismo ni rivalidad, sino con el más puro cariño que ha demostrado el iqueño hacia el futbol.

Era en Ica, el mes de julio de 1900, en que un grupo de jóvenes conocieron por primera vez una pelota de futbol, traída por Julio Dellepiani, iqueño quien cursaba sus estudios en Lima, y que por vacaciones escolares, trajo un extraño esférico que implicaba moverlo con los pies; ese balón fue estrenado en el terreno frente a la antigua estación del Ferrocarril de Ica, (calle Lambayeque), época en que el atletismo y el criquet, eran las ramas del deporte que se imponían en la ciudad.

Mientras Dellepiani, enseñaba novatamente la naturaleza del juego a sus amigos, les iba narrando la destreza que tenían los limeños, al practicar efusivamente este deporte, con equipos que eran instituidos y limitados para la clase adinerada; sin embargo, este se estaba propagando en diversos sectores de la capital, en donde emergían jóvenes talentosos, afanosos de pertenecer en algún suntuoso equipo, que difícilmente les daría una oportunidad. Al año siguiente, con las expectativas de los adolescentes iqueños, Dellepiani retornaba para contarles jubilosamente la creación de un club conformado netamente en un ambiente popular, llamado Sport Alianza, el cual había revolucionado a la altiva sociedad limeña, pues, el pueblo logró conformar su agrupación para practicar también el futbol; la noticia fue espléndida para los muchachos, quienes demandaban saber más de este equipo que claramente los identificaba; fue así que, con mayor entusiasmo la difusión fue aumentando por los iqueños que idealizaban pronto crear un club similar, el mismo que se gestó nueve años después, en el barrio El Sauce (última cuadra de la calle Independencia) con el nombre de Blanco Peruano; así nacía el primer club de futbol de Ica, con camisa, corbata y boina como uniforme y con la ideología del único equipo popular de Lima, el que sus jugadores seguían intensamente, dentro de ellos los entusiastas José León Donaire, Agustín Mayurí, Samuel Borjas, Emiliano Díaz y los hermanos Uribe, quienes practicaban semanalmente en los campos del Socorro, cerca al Dique Sutton; pero era tanta su afición al equipo limeño que, a fines del mismo año decidieron cambiar el nombre del club, por el de Sport Alianza; de ese modo permanecieron por los consiguientes años, siendo los precursores del futbol iqueño.

En menos de una década el futbol era conocido y practicado en todo Ica, los alumnos del colegio San Luis Gonzaga destacaban notablemente, los barrios, distritos y asociaciones tenían un club que los representaba, como ese club que simbolizaba al pueblo en la capital, el que los periódicos y revistas nacionales relataban sus hazañas, al lograr un bicampeonato en 1918 y 1919 en la liga capitaleña, y que en la década del 20, se consolidarían en su identidad al renombrarse como Alianza Lima, nombre con el que perdura hasta la actualidad y ganó innumerables adeptos a nivel nacional.

En 1923, se funda la Liga Deportiva Iqueña, bajo la presidencia de don Manuel Borrini, quien impulsa activamente los torneos inter clubes, destacando el Sport San Martín, Atlético Luren, Sport Victoria, Sport Calavera, Sanluisiano y el reciente fundado Octavio Espinoza, quienes mostraban y ensalzaban este deporte a su máximo esplendor que ayudaba a que la Liga tenga la supremacía en la dirección del futbol iqueño.

De esa manera, los iqueños iniciaron vida propia con el futbol, de la forma natural, que es emulando a un equipo, que en este caso fue para Ica, el Alianza Lima; cada vecino animaba a su club local, pero tenían como imagen al club de la capital, y eso lo reflejaban al crear en el paso del tiempo los clubes: Alianza Ica, Alianza Los Aquijes, Alianza Guadalupe, entre otros distritos que acoplaban su nombre al mencionado club; con ese proceder el iqueño fue trasladando esa simpatía a sus hijos por el equipo blanquiazul, que singularmente lo convirtieron en una tradición familiar, siendo reflejado en una encuesta por un periódico local, en la década del 50, donde daban la cifra de que en Ica, el 90% de su población era seguidor de este club.

A mediados de la década de los 60, el club Octavio Espinoza, con su integración al torneo nacional, comenzó a dar luces de su futbol, lo cual le hizo adquirir un notable número de adeptos netamente iqueños, y es que en su nómina llevaba a notables jugadores que hasta la actualidad se les recuerda pisar el coloso estadio Picasso Peratta, que tan solo se atiborraba cuando venía el Alianza Lima, quienes traían entre sus jugadores a los legendarios Teófilo Cubillas, Pitín Zegarra, Perico León y el iqueño Hugo Sotil; aún se narran esas tardes majestuosas en que el asistente celebraba doblemente, ya que, en cada gol de cada equipo, todos saltaban y abrazaban de júbilo, porque ambos los representaba.

Es a partir de la década de los 70, con la pérdida de la categoría profesional del Octavio Espinoza, el iqueño empezó a ver y admirar a otros clubes de la capital que mostraban su buen futbol; de ese modo, pasaron dos décadas para que Ica vuelva a tener presencia nacional en el deporte rey, y que las nuevas generaciones conozcan lo que es tener identidad regional a través del futbol.

Con la llegada del siglo XXI, retorna el futbol profesional a Ica, con un equipo desconocido para muchos pero que estaba presente en nuestra liga desde el año 1965, se trataba del club Estudiantes de Medicina, un equipo que fue engendrado desde las entrañas de nuestra primera casa de estudios, Universidad San Luis Gonzaga, y que prontamente adquirió cientos de hinchas que llenaban, una vez más, las tribunas del viejo Picasso, es que los iqueños siempre fuimos futboleros como lo cita la historia, y fueron muchos años sin verla de manera profesional. Se conformaron diversas barras para alentar al representante de Ica, siendo algunos: Los Coyotes y Sentimiento Morado, grupos que animaban desde las tribunas fielmente a su equipo, pero a pesar de ello y a los años, en las graderías estaban presentes los abuelos y padres que mantenían el afecto por el club guía para el futbol de Ica, quienes llevaban a sus hijos y nietos a conocer a su equipo Alianza Lima, que aún hacia colmar el estadio con su presencia y la de su barra, tanto así que, cada vez que le tocaba jugar con el Medicina, las barras de Ica, recibían a la barra limeña con una banderola que citaba: “Bienvenidos primos hermanos de Comando Sur”, esto solo sucedía cuando venía Alianza Lima, demostrando que en Ica, aún estaba presente ese sentimiento original.

Los años transcurrieron y nuestra ciudad está próximo a cumplir dos décadas de haber perdido la categoría profesional, esperando que pronto retorne, para que los nuevos iqueños sientan esa extraña sensación que tan solo el futbol puede dar, y que tal vez, puedan reunir a la familias originarias de Ica, que seguirán contando cómo inició el futbol en nuestra ciudad, con el fuerte vínculo a un equipo nacional, casi similar al que se le tiene al Señor de Luren, al que cabe citar, este club también le brindó su veneración por ser una imagen morena, viéndose desde los años 80’ a sus hinchas en cada procesión subidos en los portales de Luren, desenvolver una banderola al paso de su patrón como fidelidad.

Con este análisis histórico, podemos entender el enraizado apego de los iqueños por este club, que hoy entristecidos ven que por segunda vez en su historia descienden en el torneo nacional, manteniendo ellos la esperanza de que pronto volverán para seguir contando con orgullo a su descendencia, que no son hinchas por admiración, sino, por tradición, y que ahora con lo explicado podrán entender y decir sin ningún temor de que son hinchas de Alianza Lima, por ser iqueño.

Por: José López Melgar, Investigador Histórico